Cuerito

Desde que estaba en la licenciatura me di cuenta que las razones que me atraían al estudio de los mensajes, las cámaras fotográficas y las películas eran sencillamente una compilación de hobbies de los que esperaba, al menos un futuro asegurado en mis intereses personales. No fui nunca una alumna brillante. Me permití sencillamente continuar con sencilla tarea de ver películas y hacer resúmenes a medias de Umberto Eco y a fingir que admiraba a Henry Jenkins.

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Crack…crack…

Comienza como un reto, como muchas cosas comienzan en la adolescencia. Con el morbo y las leyendas envueltas en papelitos sucios y gastados entre la clase de Historia y Química.

Ana y Verónica esperan como siempre el receso, miran con hastío el reloj sobre el gastado pizarrón verde. Tan sólo veinte minutos más. Ana garabatea en la Revolución Francesa una caricatura un tanto deforme de un ser fantástico, un elfo quizás. Verónica anota la fecha en el margen del cuaderno, le gustan esas cosas; “son bonitas” piensa, mientras usa colores de tintas distintas para diferenciar el año del el mes.

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