Ecce Homo…”este es el hombre”

El día que Elías García Martínez vio la luz del mundo no sospechó de la gran misión que dios había puesto en sus manitas.

img.rtve.esEl artísta no sólo anuncia sino denuncia, y Elías García se ha convertido a casi doscientos años de su muerte en un artísta cuyo mensaje ha sido filtrado por el lente de la posmodernidad en una denuncia que ha traspasado las barreras del las distancias, la religión, las edades y las razas.

El Ecce Homo ha realizado un viaje, una aventura, una narrativa cuyo inicio pudo haber pertenecido a la cultura “mainstream” de la época, un ícono erosionado a las miradas de últmas generaciones. El viaje que ha hecho el cristo de Borja no ha sido fácil pues se ha desprendido de lo único que poseía, su imagen misma, pero el mensaje ha sonado atronador en los oídos de este mundo esquizofrénico. Este es el hombre, y así ha cambiado ante las miradas que permanecían ajenas.

Después de todo es la imagen de Jesús, una imagen de reconciliación, esperanza, amor y perdón. Probablemente muchos internautas y creyentes podrán afirmar lo que la legítima heredera de la obra ya confirmó: “todo está perdonado”. La felicidad que trajo al mundo este infortunado error parte de la buena voluntad de una mujer inocente y, hasta cierto punto libre de pretensiones artìstico-comerciales, en las que este mundo ha vivido inmerso.

En sus ojos de simio,  su boca asimètrica, y su cabello plastoso, el Ecce Homo, ha suscitado sonrisas y risas en personas del mundo entero, los ha hermanado en un mismo idioma. Un idioma que no conoce fronteras y se mantiene inocente.

Por ello, cuando veo a este “nuevo” hombre puedo decire…”este es el hombre”.

El pintor nacería en el seno de una familia conservadora en España a la sombra otros tantos ilustres artístas de la época. Sintió la urgencia de obrar con sus manos, cual instrumentos divinos, y plasmar imágenes, no únicamente de burgueses y nobles sino con un fin trascendental que llevaría a  feligreses a peregrinaciones y veneraciones de estos íconos.

Haya sido por encargo o epifanía celestial, un buen día el pintor decidió que debía pintar la famosa escena donde Poncio Pilatos muestra al nazareno, inocente y doliente, y exclama que “Este es el hombre”.

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En un honest mistake, la ingenuidad de una tierna abuelita más que destrozar la obra de un pintor cuya popularidad no ocupaba un espacio significativo en las mentes de jóvenes, ha desacralizado un ícono volviéndolo, irónicamente, una imagen de culto nuevamente. La alegría que nos ha repartido, en su deformidad, ha sido invaluable. Este “hombre” ha regresado al pueblo mismo, re interpretado, re apropiado, una obra que muchos creadores de arte contemporáneo quisieran sucitar en su audiencia.

La buena voluntad, y la falta de habilidades nos presentó de esta forma el hilo conductor de un hombre, “este hombre”.

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