Afterlife…ay dios que palabra tan horrible

La memoria es una perra. Recordar es una prueba del tiempo ha transcurrido, inflexible, a través de uno. El tiempo ha transcurrido dentro de mí, ha hecho estragos, que muchos se empeñan en llamar aprendizajes. Sufrir ya es en sí una experiencia subjetiva que nadie quiere experimentar, sería además un total despropósito al menos no aprender de ello.

Irónicamente aquello que (dicen) nos ha mantenido en el pináculo de la creación, ha sido esa capacidad de interiorizar las experiencias. Ningún fruto suelta su jugo sin pasar por la dolorosa experiencia de ser estrujado: así es la vida. El aprendizaje nos permite no ser estrujados dos veces.

¿Cuando comencé a tener esta noción de mi, de los estragos del tiempo en mí? No sé. “Qué sabes tu de la vida…” me dirán.

No es que haya perdido la esperanza, la capacidad de asombro en el presente, o la fe en el futuro.

Un día como cualquiera, llegó a mí el golpe de conciencia que mi proceso histórico podría desembocar en cualquier final. Supe que el mundo que tenía ahora enfrente era otro, y yo también. Como una resaca, desperté un día y me pregunté qué había pasado y por qué me sentía con ese malestar. El presente es demasiado intenso para pensar que el futuro tendrá algún tipo de lógica previsible, o al menos que yo alcanzara a ver.

Esto fue importante. Me avergonzaría exponer la situación, con todos sus detalles. Basta con decir que situaciones y personas que consideraba fundamentales en mi vida, sencillamente se fueron.

Vi el pasado, añorando futilmente que nada hubiera cambiado. Aunque TODO había cambiado. Y había cambiado hacía años…había vivido una extensión de la adolescencia sin la mínima sospecha que el futuro golpea de frente con situaciones reales, personas reales, con necesidades reales en un terreno apartado de lo idílico de la adolescencia.

Fue entonces cuando empecé a escuchar, realmente a escuchar la música que había oído en mi adolescencia. Por un lado primero tuve la sensación interna de que mi mundo no estaba destruído, la música es poderosa…la sensación de juventud, probablemente de que algo puro sobrevive, eso lo ayuda a uno. Lo mejor de mí misma englobada en un playlist a través del tiempo.

Y luego llegó Arcade Fire. Creo que fue en el auto de un amigo, mientras íbamos por la carretera. Como el amor a primera vista, hubo algo en ese sonido que me atrapó. Me volví su fan. No sólo eso, gracias a Arcade Fire me interesé por “la música actual”, quiero decir por escuchar realmente qué era lo que estaba pasando en los bares mientras iba a beber en las noches. Ese sonido “hippster”, híbrido, super producido, funk me enganchó.

El presente significó musicalmente un estado de ánimo diferente. Una sensación diversa, folkórica, rockera y electrónica. No quería envolverme en el traje de adolescencia ridícula de Justin Bieber o Ariana Grande. Ahora era adicta a una fiesta distinta, una fiesta con cierta seriedad, con el fin de experimentar lo “dificil” de volverse adulto e irlo sorbiendo entre lo retro, lo hippster y cerveza; en mi caso cerveza artesanal.

La música, ahora es más que LA fiesta, para volverse una seriedad difícil de explicar. Escucho música, bebo cerveza después del trabajo y me dejo ser a través de esos sonidos, sin reservas, sin remordimientos, por muy frívolos o destructivos que éstos sean.

Afterlife (Arcade Fire) llegó a mi vida en el momento en más lo necesité, en el momento en que necesitaba algo tangible que me hiciera sentir que no estaba perdiéndome en el “ahí se va” de convertirse en un adulto. Canto Afterlife y me siento plena de saber que así se escucha como siento, así lo enunciaría, así lo que he sentido por al menos dos años.

No hay una traducción en español para “AfterLife”, literalmente significa “después de la vida”; probablemente el término más adecuado a esta expresión sería “el más allá”.

En un ritmo muy funk, bailable, hasta alegre, la primer parte de la canción plantea la sensación del desconcierto y el hastío.

“Más allá (después de la vida), oh dios mío, que palabra tan horrible.

Después de que todo el aliento y toda la suciedad

Y todos los fuegos hayan ardido

Y después de todo este tiempo

Y después de que todas las ambulancias se vayan

Y después de que todos los parasitos hayan acabado de aferrarse a las escotillas de la arrogancia.

Tengo que saber

¿Podemos arreglarlo?

¿Si gritamos y chillamos hasta que lo solucionemos?

¿Podemos simplemente arreglarlo? ¿Gritar y chillar hasta que lo solucionemos?

Hasta que lo solucionemos, hasta que lo solucionemos

Más allá (después de la vida)

Creo que ví lo que pasa a continuación

Era solo un breve vistazo de ti,como mirar a través de una ventana o un mar profundo

¿Podías verme?

Y después de todo este tiempo nada es como nada de lo que solíamos conocer

Después de que todos los parásitos han acabado de aferrarse a las escotillas de la arrogancia

Tengo que saber

¿Podemos arreglarlo? ¿Si gritamos y chillamos hasta que lo solucionemos?…

Pero dices: Oh cuando el amor se ha ido ¿Dónde se va?

Y dices: Oh cuando el amor se ha ido ¿Dónde se va?

¿Y a dónde vamos?…

Y después de esto ¿Puede durar otra noche?

Y después de todos los malos consejos que no tenían absolutamente nada que ver con la vida…

Tengo que saber

¿Podemos arreglarlo? ¿Si gritamos y chillamos hasta que lo solucionemos?

Pero dices: Oh cuando el amor se ha ido ¿Dónde se va?

Oh cuando el amor se ha ido ¿Dónde se fue? ¿Y dónde vamos nosotros?

Es simplemente un más allá

Es simplemente un más allá

Es simplemente un más allá contigo…”

La incertidumbre, que viene de ese “después…” se convierte en pregunta en el coro, una exigencia/ anhelo “Tengo que saber…¿podemos resolverlo?”  Y la respuesta en el mismo coro, se convierte en una dolorosa resignación.

El sonido de un sintetizador y el grito desesperado en una fiesta nocturna que parece eterna, un lamento, reclamo, una cuestión sin resolver. Mirar hacia atrás con la incertidumbre sobre si quedó atrás lo realmente importante, se acabó todo. La luz hacia el futuro yace en un abismo oscuro, sin respuestas; mientras  el ritmo continúa como si no quedara más que continuar en aquellos tambores.

La pieza va cayendo en la melodía del vocalista que va volviéndose más un eco. Aquellas voces dulces cierran, lentamente, poco a poco…alejándose, despidiéndose acompañados de  sonidos electrónicos ultra terrenos que aparecen como ecos de un sueño, al final queda la respiración cansada y rítimca antes de cerrar con la frase ¿es este el “más allá”?

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