American Horror Story: el terror a lo mainstream gringo

No quisiera que la opinión que estoy a punto de exponer se vuelva de algún modo una crítica inflexible y demasiado purista de algo que casi todos disfrutamos: las series de televisión.

En la última década hemos podido experimentar las series de televisión (y su adicción) en una explosión de altos presupuestos, grandes cadenas televisivas, buenas direcciónes y actuaciones; guiones (en general) bien construídos con nuevos recursos narrativos como el storytelling. Hay una época de oro de las series cuyo consumo se enriquece con experiencias y productos que se expanden fuera de la televisión.

Hoy voy a hablar de una serie en particular: American Horror Story (AHS).

Soy, desde hace poco, declara fan de esta serie que me atrapó  y de la cual terminé sus tres temporadas en menos de un mes. Confieso que disfruto enormemente  esta serie, sin embargo hoy por fin me he decidido a aceptar que no me llena en mi exigencia de comunicóloga, jóven adulta o consumidora del género. La razón está más allá de su opening de bizarros sonidos, la carita de Evan Peters y los temas de misterio y muerte; y es que amo y respeto demasiado el terror como género.

No me considero ni remotamente como una experta en la materia, hoy en día a mis 24 años sigo explorando toda clase de historias espeluznantes buscando siempre esa sensación de desconcierto que mueve fibras dentro de mí que no conozco. Será por eso que a pesar de estar enganchada de AHS, reconozco con cierta pena que en muy pocos momentos dentro de sus tres temporadas ha logrado despertar ese desconcierto en mí.

Hay que darle crédito a la serie: cuenta con una impresionante producción que cuida aspectos todos los aspectos producción, buena dirección de arte, buenas actuaciones, tópicos interesantes y una trama que mantiene al espectador intrigado. Pese a todo esto, American Horror Story es todo excepto una serie de terror (u horror).

Mi primer contacto con la serie fue gracias a Netflix. Aproveché pues mi valiosa suscripción y terminé con todos los capítulos de la primera temporada en una semana. La historia, de esta primera entrega es verdaderamente muy americana; como se sabe, la cultura norteamericana no es precisamente reconocida por sus tradiciones históricas ancladas a un pasado folklorico sino que construyó sus propios imaginarios y lo sigue haciendo -por ejemplo “el asesino serial”, una figura terrorífica muy real para esta cultura. De hecho es EEUU quien el mayor número de este tipo de criminales a nivel mundial.
Asi, la primera temporada cuenta pues, las peripecias de una familia descompuesta -por engaños y desilusiones de la posmodernidad- que llega a vivir a aquella residencia con la esperanza de reconstruir sus vidas en la mansión que alberga toda clase de espíritus condenados; una casa envuelta en sucesos de muerte y oscuras tragedias que incluyen asesinatos, violaciones, engendros… Los primeros capitulos realmente llegué a asustarme de vez en cuando y me movieron a dar play al siguiente capítulo preguntándome: “¿qué está pasando?”. Sin embargo, en punto me di cuenta que mi motivación para continuar capitulo tras capítulo ya no nacía de la incertidumbre o el desasosiego característicos del género, no veía la serie para contestar la pregunta antes planteada (tal vez la más básica en cualquier historia de suspenso y/u horror). Lo que me atraía ya no era el misterio de la criatura que vivía bajo el sótano o las apariciones malditas que deambulaban por la casa, mi afición se fue convirtiendo poco a poco en el gusto por una telenovela americana con fantasmas, sangre and stuff. Habían incluso algunos personajes que detesté, como la noviecita del psicólogo que acosaba a la familia por doquier; el hombre quemado y maltrecho que no parecía agregarle nada nuevo a las serie excepto hastío. La razón de porqué continué viendo hasta el final aquella temporada fue que terminé por engancharme con los destinos de los personajes con los cuales ya tenía una predilección y de los cuales necesitaba saber su desenlace. Confieso con cierta vergüenza que me enganché como adolescente quinceañera de la relación romántica (casi estilo Crepúsculo) entre Tate, un psicópata inadaptado con sueños asesinos y un secreto bizarro, y Violet la chica lista, cínica, depresiva e inadaptada. El final, como tal me dejó un sabor agridulce. El destino de Violet y Tate terminó en una forma que me agradó y en general el final me pareció muy decente.

Todos los videos de obertura de AHS son una maravilla, especialmente en la edición.
Aquí el intro de la primera temporada

Lo que sí me disgustó, sin embargo, fue el hecho de pasarse por el arco del triunfo lo que yo llamaría las “reglas de la magia”. Y es que cuando veo o leo una historia de horror, me gusta que las piezas cuadren narrativamente: si es zombie le pegas en la cabeza y ya está; si es bruja la quemas y ya; si es vampiro el amanecer, el ajo, las estacas, etc; en algunos casos los monstruos y apariciones se rigen bajo sus propias reglas, mismas que son desarrolladas en la historia y dan razón a la lógica del mundo que se pretende crear. Por ejemplo, en el caso de la película El Aro se explica a lo largo de la película el origen de Samara Morgan y porqué ver un las muertes en torno a un VHS.

Aquí mis personajes favoritos: Violet Harmon y Tate Langdon.

Aquí mis personajes favoritos: Violet Harmon y Tate Langdon.

En el caso de AHS esto no se respeta; yo diría que hasta se encuentra alguna clase de placer en pasarse por el arco del triunfo esta lógica del horror que se intentan llevar a la serie. Por ejemplo, en esta primera temporada los fantasmas pueden fornicar y ¡hasta embarazar! Los fantasmas o espíritus pueden no solo matar sino hasta esconder los cuerpos y entablar animadas conversaciones con los vecinos; pueden limpiar la casa, tomar una taza de té, son pues como los vivos, intrigan y hacen de todo para que la novela siga siendo apetitosa. De hecho no importa si en vida el espiritu fue asesino o víctima, se condena de igual forma a convivir en la misma mansión en compañía de sus demás compañeritos muertos para compartir aventuras y desventuras (casi en una suerte de Friends de espritus chocarreros).

Y bueno, creo que voy de acuerdo cuando se quieran romper esquemas o paradigmas pero sencillamente hubieron algunos detalles en esta primera temporada que me hicieron sentir francamente incómoda con la narrativa. No dudo que estos recursos salieran de la mete de algún escritor, pero en ocasiones realmente me desconcertaban.

La segunda temporada (llamada Asylum) quiso expandirse más y romper paradigmas y, a mi gusto, lo hizo mal. Primeros capitulos: la historia va de una institución mental de los años setenta donde los abusos, las intenciones oscuras y lo maligno se conjugan en un ambiente de hospital retrógrada donde habita la locura. Suena prometedor ¿no? Bueno, la historia también incluye un asesino serial suelto cuyo blanco son las mujeres… y un doctor nazi que experimenta con las personas y las convierte en engendros, y que tiene un fetiche con las monjas… Ah y también hay aliens que se llevan a las mujeres embarazadas… Y no olvidemos a la monja poseída por el diablo. Sí. Podrían haber hecho una serie (excelente) de cada tema: la locura, un asesino serial, experimentos nazis, aliens y posesiones demoníacas, pero decidieron echar todo a la licuadora y la verdad es que en un punto se vuelve inverosímil las conexiones que se intentan hacer entre los temas y personajes. Definitivamente la temporada que menos me ha gustado. ¿Cómo la terminé de ver? Porque realmente quería saber cómo iba a terminar todo aquello.


Video de entrada de AHS: Coven

La tercera temporada (AHS:Coven): está dedicada únicamente (¡gracias!) al tema de la brujería. Reglas claras, buenos personajes, una gran temática ¿el problema? Parecía una serie adolescente con brujas con poderes. Creo que había temas interesantísimos en la serie que no lograron concretarse. Personalmente yo no habría tenido problemas en ver dos temporadas de American Horror Story: The Coven si hubiesen desarrollado adecuadamente los tópicos que existían. Hay, por ejemplo, una rivalidad genial entre el los practicantes del vudú y la brujería; también se involucra a un grupo de “cazadores de brujas” de donde se pudo haber hecho una gran trama. Tal vez el único tópico bien desarrollado fue la gran cuestión de la serie ¿quién será la siguiente Suprema que llegará a reinar sobre las brujas y pondrá algo de orden o patear traseros a aquel aquelarre?

La última temporada puede ser la mejor ejecutada en cuanto a producción pero tiene personajes muy subdesarrollados que se quedan sin un momento cumbre. Nuevamente me quedé viéndola hasta el final por el puro morbo de saber quién era la siguiente reina de las brujas, pero si regresamos al tema el horror debo decir que el único momento en que sentí un atisbo de miedo fue cuando hizo su aparición la deidad vudú de Papa Legba (porque estaba muy feo), pero fuera de esos momentos era más una telenovela de brujas con una dosis decente de violencia (y música de Stevie Nicks).

En general creo que lo más frustrante de la serie, en sus tres temporadas existentes y concluidas, es esa falta de desarrollo de personajes o situaciones que pudieron dar más profundidad a la trama. Aparecen, conforme se desarrolla la historia, situaciones o personajes que prometen una participación interesante o decisiva para luego desaparecerlos de manera casi casual. En lo particular me dio la sensación de que se hacían personajes y situaciones que luego caían en el olvido.

A pesar de mi insatisfacción, existen varios aspectos dignos de mencionar respecto a AHS, el primero es lo visual: la construcción de la estética esta realmente bien cuidada y ejecutada. Los teasers y spots promocionales de la serie son realmente buenos. La serie también cuida mucho la fotografía e iluminación. Una de los mejores ejemplos de esta estética urbana, moderna y a la vez perturbadora son los teasers (o anuncios) lanzados antes del estreno de AHS: Coven. De hecho los momentos que se ilustran en estas capsulas nunca ocurren en la serie como tal, son un recurso puramente visual.


Compilación de teasers de AHS: Coven

es la habilidad con que ha logrado que se recuerde la importancia del género: que hay tanto en este imaginario y que tiene elementos y recursos de gran flexibilidad que se adapta a los tiempos y a la cultura. Es, tal vez, la única serie de horror en los últimos años con semejantes alcances y eso es un logro para el género y los fans de terror/horror. Es tal vez irónicamente agradable que la gente joven se enganche en temáticas fantásticas y sé de alimento a la imaginación. Porque finalmente una historia de horror cumple con un propósito, dar voz y rostro a aquello que no podemos nombrar y yace en las profundidades del inconsciente humano. Además creo que tanto la fantasía como el horror son elementos alegóricos que nos dan la habilidad de restituir nuestra capacidad creadora, nuestra capacidad de imaginar mundos imposibles, de abrir brechas de existencia entre las fisuras de la vida monótona y cuadrada, por esa razón es que creo que también quise entender esta propuesta con momentos gratos y no tan gratos.

Esperaré sin duda la siguiente temporada y seguramente la veré de principio a fin. Creo que podría ver sin problema nuevamente la cabeza rubia de Peters y la actuación siempre impecable de Jessica Lange.

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