Crack…crack…

Comienza como un reto, como muchas cosas comienzan en la adolescencia. Con el morbo y las leyendas envueltas en papelitos sucios y gastados entre la clase de Historia y Química.

Ana y Verónica esperan como siempre el receso, miran con hastío el reloj sobre el gastado pizarrón verde. Tan sólo veinte minutos más. Ana garabatea en la Revolución Francesa una caricatura un tanto deforme de un ser fantástico, un elfo quizás. Verónica anota la fecha en el margen del cuaderno, le gustan esas cosas; “son bonitas” piensa, mientras usa colores de tintas distintas para diferenciar el año del el mes.

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