Foto por Gustavo Becerra. FUENTE: A.M. periódico

El malestar de la cultura…(en León)

-Mira Simba, todo lo que toca la luz es nuestro reino

-Todo lo que toca la luz, ¿pero y ese lugar de sombras?

El rey León

Ya Freud especuló sobre los conflictos que tenían nuestras civilizaciones es sus muchas represión y constructos culturales a través de los cuales la colectividad personal y social toma sentido.
Por un lado está la imagen de León, aquella que está en los espectaculares y folletos: civilizada, empresarial, familiar, fervorosa…y en general con una conciencia tranquila. Los brotes de violencia en la ciudad y en general en Gto. no han tenido el alcance ni el nivel que otras partes de la república. Así, los panzas verdes se congratulan públicamente y en secreto de no ser como Guadalajara, el D.F. o el Norte…


Por supuesto, como diría Mufaza en el Rey León…(irónicamente) este es el panorama de “todo lo que toca la luz” “¿Pero y ese lugar de sombras” “Está mas allá de nuestro reino nunca debes ir allá…”
Ese lugar de sombras es un imaginario colectivo que vive de manera subterránea en el inconsciente y subconsciente de los ciudadanos.todo lo que toca la luz
Un terreno orgiástico donde la identidad y el buen nombre de la tradición se difuminan, y aparece el instinto agresivo y crudo de la supervivencia. Curioso es el caso de una de las zonas más emblemáticas de la ciudad: El arco de la calzada, que ha sido escenario de momentos históricos y la referencia icónica para paisanos y extranjeros, es pues curioso que a unos metros de este monumento se encuentre otro ícono de la cultura leonesa: el Templo Expiatorio, réplica odiada y amada del templo de Nuestra Señora de París; de la misma forma, a otros tantos metros de distancia se encuentra un establecimiento cuyo origen se remonta a la urbanización de la ciudad por allá de los años 80’s: el cine porno. Podría bien hacerse un recorrido: lo familiar del arco de la calzada, lo oculto del cine porno y el colectivo expiando culpas en el templo de vitrales coloridos.
Es pues León una ciudad que se comporta de acuerdo a estos rituales, explícitos e implícitos…ha conformado así una cosmogonía de lugares, personajes y costumbres con un sentido que obedece al ciclo narrativo de la ciudad misma, y el fútbol no es un tema menor en la ciudad.
Ya desde 1921, Freud concibió la idea de las fuerzas opositoras y en conflicto de la vida y la muerte, reguladas por una serie capas de percepción que denominó consciente, inconsciente y subsconciente. Este análisis no escapa a la sociedad y a los grupos humanos, que han creado símbolos colectivos, complejos, pero que sin duda obedecen a estas pulsiones de muerte y vida.
Freud afirma, así, que las represiones instintivas van a parar en un malestar, una culpa, y que el hombre (y su sociedad) se ha auxiliado de las manifestaciones culturales para aliviar los muchos malestares. De manera que si el individuo o grupo de individuos liberan estas pulsiones instintivas de destrucción y/o sexualidad desenfrenada, se convierten en una molestia para una apretada sociedad que lleva siglos de reglas simbólicas que han prosperado y asegurado la supervivencia y el orden psíquico del ser humano. El resultado pues, de quebrar las leyes sociales, es la culpa.

Pues bien, este enorme preámbulo tiene como fin explicar desde este punto de vista psicológico el exótico comportamiento sucitado el pasado 13 de septiembre, cuando aficionados al equipo León defendieron con uñas y dientes un lugar en la fila para adquirir los boletos.
Muchos llegaron más de doce horas de anticipación, pasando ahí la noche, sin importar si se trataba de niños, mujeres o incluso ancianos. Y todos lo hicieron de buena manera hasta que en las primeras horas de la mañana (a eso de las ocho) el caos explotó en empujones. Según testimonios, el principal problema fue que en el amanecer muchos de esos “vivos” decidieron milagrosamente multiplicar la fila en cuatro, lo que no aceptaron de ninguna forma los desvelados.
Sorprendente es de resaltar los muchos peligros a los que conscientemente se exponen estas personas, y más aún exponen a otras más débiles. No solo por la desvelada, el hambre y el frío, sino por la trifulca misma en la que participaron todos sin discriminación. Hombres y mujeres cargaron con niños en brazos y hombros mientras la enardecida muchedumbre aplastaba sin piedad la cortina de metal. En el transcurso pudieron lastimarse o incluso morir estos niños y estas mujeres jóvenes o demasiado adultas para la intensidad de estos momentos, sin embargo muy pocos dieron un paso atrás en búsqueda del instinto de la vida.

Foto: Gustavo Becerra. Periódico A.M.

Foto: Gustavo Becerra. Periódico A.M.

¿Qué puede hacer que cientos de personas exploten en violentas reacciones poniendo en peligro no sólo su vida, sino también la de sus conciudadanos?
Mi humilde opinión es que el equipo León, y el ritual que le ha seguido en los últimos años es de esos productos culturales que alivia “el malestar de la cultura” leonesa. La agresividad, no es sinónimo de violencia, es una característica que ha permitido al ser humano sobrevivir y continuar en este ciclo de la vida. Probablemente de no existir estos espontáneos brotes de violencia e intensa agresividad, se canalizarían en otras formas (probablemente no muy sanas). Tal vez, esta gresca es  sólo uno de los  síntomas de una cultura muy molesta. Una población de aplasta, empuja, dobla puertas, y eso sólo por mencionar el episodio del boletaje; en el partido podemos ver otra cantidad diversa de esta sintomatología, mucho más letal (recordemos que en el pasado partido León-Chivas, una persona de la afición de Chivas fue baleada).
Este malestar en la cultura tiene otras manifestaciones, mismas que han hecho que la identidad leonesa cambie y fluya en lo que Herbert Marcuse denominó el Eros y la civilización. ¿En qué punto es León una civilización, cuando estos brotes de violencia continúan e incluso se normalizan en la ciudad? La compleja civilidad que se ha construido en torno a ciertos simbolos de esta cultura ha logrado que incluso una expresión humana que debería inclinarse por la exaltación del espíritu y la actitud deportiva, se convierta en un pretexto para dejar los instintos de agresión salir, en una par
adoja donde los mismos instintos que garantizaron durante siglos la supervivencia del ser humano, ahora la amenazan.

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